Algunas actividades utilizadas para la Legitimación de Capitales, Financiamiento al Terrorismo y el Financiamiento de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva

Consiste en diversificar el dinero en cantidades pequeñas para realizar numerosas transacciones, cuya finalidad es evitar que estas operaciones sean registradas o resulten sospechosas para así evitar una posible investigación sobre las mismas. Las transacciones se realizan en depósitos en efectivo, de manera electrónica, inalámbrica o entre corresponsales a nivel nacional o internacional.

El sistema hawala es un canal informal de transferencia de fondos de un lugar a otro a través de proveedores de servicios conocidos como hawaladars. Por lo general la mayor parte de las transacciones son llevadas a cabo por trabajadores inmigrantes que viven en países desarrollados, el sistema puede utilizarse también para remitir fondos desde un país en desarrollo, aunque la finalidad de la transferencia sea diferente.

El atractivo del hawala reside en los menores costos de operación, rapidez, poca documentación, más seguridad, y el hecho de que es menos burocrático que el sistema financiero formal. Por otra parte, las comisiones cobradas por los hawaladars (avalistas) son inferiores a los del sistema formal, muchas veces extraídas de los diferenciales producidos por el tipo de cambio. La agilidad del sistema viene impulsada por un mecanismo operativo sencillo: se dan instrucciones por teléfono, fax o e-mail a los corresponsales y los fondos son recibidos a domicilio en un plazo de 24 horas.

Las organizaciones criminales buscan terceros, personas físicas y/o jurídicas, públicas y privadas que puedan colaborar con el proceso del lavado de dinero. Éstos omiten informar a las autoridades competentes de las transacciones sospechosas, especialmente si se realizan transacciones de importe elevado. Estos terceros actuantes también pueden proporcionar justificación legal a las transacciones ilícitas.

Estos colaboradores se encuentra en numerosas ocasiones en la banca privada, pública y otras instituciones financieras. Igualmente se convierten en cómplices distintos funcionarios públicos que hacen la “vista gorda” cuando entra algún bien de procedencia ilícita, o bien cuando informan a las organizaciones criminales de los controles, vigilancias o investigaciones que se realizan sobre aquellos, que dará lugar a posibles delitos de cohecho y revelación de secretos. Esta colaboración es lograda a cambio de dadivas y comisiones en algunos casos, pero la mayoría de las veces es lograda a través de coacciones, amenazas y extorsión.

También conocidas como “empresas fachada”, “empresas fantasmas” “empresas pantallas”, o “empresas de portafolio”, que se sirven a su vez de testaferros de organizaciones criminales. Estas empresas no suelen ejercer de manera activa su objeto social, ni ninguna otra actividad, sino que solo son “empresas de papel” con la única finalidad de aparentar que se realiza una actividad económica y que del desarrollo de la misma es el beneficio que se obtiene, cuando lo único que se hace realmente es lavar el dinero.

Muchas veces se lava el dinero con la emisión de facturas falsas, especialmente en materia de importación y exportación para mover el dinero entre diferentes países, engordando las facturas y el valor real de los bienes.

Con cierta similitud al método anterior; en esta ocasión, las organizaciones de delincuencia organizada se proveen de empresas legales con actividad real, donde mezclan el patrimonio ilícito con el lícito, con diferentes operaciones contables y mercantiles.

Otro procedimiento de lavado de dinero es la compra y venta de todo tipo de viviendas, vehículos, acciones, etc. Para proceder a lavar el dinero, todos los bienes se compran por un precio inferior a su valor de mercado, o incluso con pérdidas para luego volver a vender los bienes en el mercado, para así tener un beneficio obtenido lícitamente.

Las organizaciones criminales adquieren préstamos legales mediante los cuales el delincuente adquiere bienes de manera legal, y realiza el pago del préstamo en efectivo con el dinero obtenido de manera ilícita, quedando de este modo lavado.

Las  remesas  han  tenido  un  constante  crecimiento, tanto  que  hoy representan un  importante  rubro  en  la  Balanza  de  Pagos.  Estas  han  tomado  una importancia en la  economía  de  los  países  de  América  del  Sur.   El  envío  de  remesas involucra tres actores principales: un agente en el país de destino como por ejemplo casas de cambio y algunos bancos, compañías de financiamiento comercial y comisionistas de bolsa; un  agente  en  el  exterior  y  una  compañía  remisora  de  giros  que  se  encarga  de coordinar a los dos agentes.

Algunas empresas  mineras  reciben  transferencias desde  el  exterior  a  los  pocos  días de  su  creación, siendo utilizadas para blanquear dinero, en varios países se investiga que con esta actividad  económica se estaría financiando el terrorismo.

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